La guerra del Pacífico (1879-1883), contra Perú y Bolivia fue azuzada por Inglaterra para defender la propiedad calichera de un caudillo militar peruano que pretendía expropiarla. Para ese entonces, la industria salitrera había dado lugar a un modelo de explotación a gran escala que enriquecía a las burguesías europeas.
Siguiendo ese ejemplo, treinta años después, en 1919 un ingeniero americano de apellido Braden compró diversos “placeres” a pequeños pirquineros en un lugar llamado Punta de Rieles, en la precordillera de la provincia de Antofagasta, para iniciar la explotación del cobre a mayor escala. Nacía Chuquicamata y con él, la apropiación de esa riqueza, y de otras como el molibdeno, por el capital norteamericano.
Para ese entonces los hijos y nietos de los visionarios se habían transformado en una oligarquía derrochadora, que -después de derrocar a Balmaceda, el primer presidente mártir del progresismo chileno-, vivía de la renta del salitre y disfrutaba alegremente la belle epoque mientras sus testaferros administraban el país desde un corrupto congreso.
2. Neruda, en 1939 dice “Yo he visto arder en la noche eterna/de Chuquicamata, en la altura,/el fuego de los sacrificios,/la crepitación desbordante/del cíclope que devoraba/la mano, el peso, la criatura de los chilenos, enrollándolos/bajo sus vértebras de cobre,/ vaciándoles la sangre tibia,/triturando los esqueletos/y escupiéndolos en los montes/de los desiertos desolado”
Sí, en las décadas que siguieron el monstruo cíclope de la Gran Minería del cobre trasformó a nuestro país: lo hizo monoproductor y dependiente, con un raquítico desarrollo industrial y una agricultura latifundiaria y de subsidios, que se rehusaba a desplegar su potencial mientras que, al mismo tiempo, el país tenía los mayores índices de muerte por desnutrición infantil en el mundo. De paso se llevó el equivalente a 4 mil millones de dólares en ganancias.
Ante ello, las fuerzas de izquierda levantaron muy tempranamente un programa de nacionalización de la Gran Minería del Cobre. Y cuando triunfó la Unidad Popular, se cumplió con ese programa
El 11 de julio de 1971, el congreso pleno por mayoría absoluta aprobó una reforma constitucional posibilitando la nacionalización de los recursos naturales. Ello permitió nacionalizar la Gran Minería del cobre. En la visión de Allende, la gran minería sería la “viga maestra” pues de ella saldrían los recursos necesarios para industrializar al país y hacer realidad políticas sociales que sacarían al pueblo de la pobreza.
El sueño de un servicio nacional de salud que atendiese integralmente a los chilenos y chilenas quedó trunco. También se truncó el ideal de la Escuela Nacional Unificada, y el de universidad para todos, por el que aún seguimos luchando. Y los procesos de industrialización y la Reforma Agraria. Sólo las políticas de alimentación infantil pervivieron en el tiempo: el medio litro de leche diario para los niños, que pudo mantenerse gracias al esfuerzo del Dr. Monckeberg y el INTA y los almuerzos escolares de la JUNAEB. Con ellos finalmente se terminó con el flagelo de la desnutrición infantil. Si con una sola iniciativa se logró tanto, ¡cuánto hubiésemos avanzado con todas las políticas sociales de la Unidad Popular!
Consumado el golpe, la gran minería, sin embargo no volvió a manos privadas y el Estado mantuvo la propiedad de esa industria. Ello porque los militares necesitaban una fuente segura y permanente de fondos para comprar armas y hacer frente a la amenaza peruana de volver a sus territorios perdidos al cumplirse un siglo de la guerra del Pacífico, en 1979. Es la famosa “ley reservada del cobre” que estipuló que un 10% del valor de la producción cuprífera debía reservarse a las FFAA.